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VOYAGER : LA FRONTERA FINAL
HISTORIA Y DESCRIPCION DE LAS MEJORES NAVES EXPLORADORAS CONSTRUIDAS
POR EL HOMBRE LA MISION INTERMINABLE ADIOS AL VOYAGER
Omar Yim Barciela
MIEMBRO DE LA ASOCIACION PANAMEÑA DE AFICIONADOS A
LA ASTRONOMIA
Técnico en Programación
La
misión Voyager fue concebida y gestada en el Jet
Propulsion Laboratory del Instituto de Tecnología en
Pasadena, California. Allí se construyeron también
las Sondas gemelas Pionner 10 y 11, con fondos procedentes de la
N.A.S.A. Se trataba de aprovechar una particular configuración
geométrica de los planetas exteriores del Sistema Solar
en el espacio.
Esta
situación, que se produce una vez cada 175 años, se
presento a finales de los años setenta. El fenómeno
permitiría a los Voyagers deslizarse de un planeta
a otro, aprovechando sus respectivas fuerzas gravitacionales para
incrementar la velocidad y dirigirse hacia el planeta siguiente. A
pesar de su longevidad El Voyager II fue lanzado el 20 de
agosto de 1977, desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo
Cañaveral, Florida, abordo del cohete Titán-Centauro,
casi todo a bordo funciona perfectamente excepto que se ha
perdido, sin embargo, uno de los radiorreceptores, y la plataforma
orientable de instrumentos, tiene uno de sus ejes atascados,
lo que obliga a realizar movimientos muy lentos.
El costo de las
misiones de ambos Voyagers supera los 556 millones de Dolares. Cada una
de las Naves, idénticas entre si
equipada con instrumentos de avanzada Tecnología para
la época, capaces de realizar al menos una decena de
experimentos diferentes. Este equipamiento incluye cámaras
de televisión, sensores de radiación infrarroja y
ultravioleta, magnetometros, detectores de plasma y rayos
cósmicos y sensores de partículas cargadas. A esto hay
que añadir
los equipos de radio frecuencia, los ordenadores de abordo
y su gran antena parabólica, para poder establecer
comunicación con la Tierra. Entre los muchos trabajos
encomendados a las sondas -como cada año la Tierra
se sitúa al otro lado del Sol, respecto al Voyager II-, los
equipos de radio de las bases terrestres dedican, por ejemplo, unas
cuantas semanas a realizar observaciones solares.
Las
señales de radiofrecuencia procedentes de la Sonda Espacial
pasan a través de la Corona Solar, lo que provoca ciertas
alteraciones en las ondas que pueden medirse y analizarse.
Estas perturbaciones permiten a los científicos explorar
la atmósfera del Sol. Se estudian, por ejemplo, las
variaciones de Plasma (Gases Ionizados a Altísimas temperaturas)
a pequeña escala (del orden de 100 Kilómetros)
en la región de la Corona Solar. El resultado del conjunto
de todas estas observaciones, llevadas a cabo durante toda
la misión Voyager, será el establecimiento de
un mapa de densidades de Plasma, tanto el viento como de la
Corona Solar. Durante buena parte del proyecto, la energía
necesaria para accionar los instrumentos era captada por la
radiación Solar, mediante un sistema de Paneles Solares. Ahora
esto es imposible dada la enorme distancia del Voyager II, miles de
millones de Kilómetros mas allá de la
órbita del planeta Plutón, fuera del Sistema
Solar.
En estos
momentos, la energía es suministrada por los llamados
Generadores Termoeléctricos de Radioisotopos, que convierten
el Calor producido por la desintegración natural Radioactiva
del Plutonio en Electricidad. Desde la Tierra, el control
de vuelo del Voyager II y la recepción de los datos
se realizan a través del Deep Space Network, un sistema de
Seguimiento operado por el Jet Propulsion Laboratory, bajo la
supervicion de la N.A.S.A. Esta red cuenta con una serie de complejos
de enormes Antenas Parabólicas situadas alrededor del
Mundo, una estación de seguimiento en el desierto de
Mojave en California, E.E.U.U., la otra estación de
seguimiento de Robledo de Chavela, en la sierra Madrileña,
España y la ultima en Tidbinbilla, cerca de Canberra,
Australia. Desde su lanzamiento en 1977 las sondas Voyager
han recorrido millones de Kilómetros en el espacio
Interplanetario de nuestro sistema Solar. Durante estos 19 años
de
viaje exploraron los planetas gigantes -Júpiter, Saturno,
Urano y Neptuno-, sus Satélites, los extravagantes
Anillos, los campos Magnéticos, Partículas, las Fuentes
Ultravioletas entre otros cuerpos, etc.
La comunidad
científica que sigue su peregrinaje tiene la esperanza de que
todavía sigan enviando datos valiosisimos. Sus
instrumentos continuaran enviando datos sobre campos Magnéticos
y Partículas cargadas en el Espacio, continuaran observando
trazos ultravioletas entre las Estrellas... Un buen día,
allá por la mitad del siglo XXI, agotara sus reservas
de combustible. No volverá a emitir señales de
radiofrecuencia. Se habrá vuelto sordo y mudo. Pero su paciente
viaje, todavía inconcluso, habrá servido para
que el hombre pueda hablar con mas propiedad del Sistema Solar,
para conocer mejor el rincón del Universo en el que
se encuentra.
DESCRIPCION
DE LAS PLACAS QUE LLEVAN ADHERIDAS LAS SONDAS ESPACIALES LANZADAS POR
LA N.A.S.A. PIONNER 10, PIONNER 11, VOYAGER I, VOYAGER
II
Con la
intención de comunicarse con otras civilizaciones que puedan
existir en el espacio exterior, tanto las Sondas "Pionner
10", "Pionner 11" y los Voyager I, Voyager II. llevan una
placa de aluminio con oro anodizado, de 15 x 22 cm. y 1,2
mm. de espesor, con el diseño que se puede observar
en el grabado, y que debe permitir la identificación de su
procedencia.
Las placas
encierran un mensaje que intenta resumir tres informaciones
básicas: Quien construyo El Voyager, donde y cuando.
Los autores del mensaje, los doctores Sagan y Drake, comenzaron
por definir en las placas una unidad de longitud. Adoptaron
para ello la longitud de onda de la radiación emitida
por el único electrón del atomo de hidrógeno
al saltar de un subnivel a otro en su órbita. Es la
radiación de 21 centímetros, que se origina virtualmente
en
todas las grandes aglomeraciones de hidrógeno interestelar.
Dos círculos en la parte superior del diseño
representan un atomo de hidrógeno en sus dos estados
fundamentales: a la izquierda, excitado; a la derecha, sin
excitar. Con ello se sugiere que el segmento horizontal trazado
entre ambos representa una distancia igual a la longitud de
onda de la radiación emitida en el proceso: 21
centímetros.
Debajo, un
breve trazo vertical representa al dígito binario
<<1>>,
para corroborar aun mas su carácter de unidad básica.
A la derecha se advierte una silueta estilizada de la sonda
Voyager, con su gran antena parabólica, y, delante
de ella, la figura de un hombre junto al de una mujer. A la
derecha de esta , dos trazos horizontales acotan su estatura,
y entre ellos cuatro marcas de numeración que se leen
en vertical (en uno binario -trazo vertical- seguido de tres
ceros -trazos horizontales-) reflejan el numero 1000 en base dos, que
corresponde al decimal 8. La figura femenina mide por lo tanto 8
unidades de longitud. Por lo tanto, 8 x 21 = 168
centímetros=1,68 metros. A la izquierda se advierte una especie
de estrella,
que no es otra cosa sino un plano a escala que establece la
posición exacta de la Tierra en el Universo.
Cada uno de
sus 14 rayos indica la dirección en que se ven desde
la tierra los 14 pulsars (radiofuentes cósmicas que
emiten señales extraordinariamente potentes a intervalos
muy cortos y regulares) mas importantes. Cada rayo ha sido
trazado de manera que su longitud sea proporcional a la distancia
a que de nosotros se encuentra el correspondiente pulsar.
En cada uno hay indicado, además un numero en código
binario, que corresponde al período de pulsación con
que emite sus señales el pulsar correspondiente, y
medido este período en múltiplos del período
de la radiación de 21 centímetros, cuyo valor es
exactamente de 0,704024115 milmillonesimas de segundo. La misma figura
en estrella sugiere además una escala de tiempos.
Se sabe el
período de las referidas radiofuentes varia lentamente, pero con
enorme regularidad, al ritmo de unos diez nanosegundos por día.
Si en un futuro mas o menos lejano alguien
encuentra la Sonda Voyager, conociendo además la existencia
de los pulsars, su período en ese momento y su ritmo
de variación, podrá establecer correctamente
cuando esos mismos pulsars tenían el período indicado en
la placa. Sabrá así exactamente cuando fue construido
el Voyager. En la parte inferior de la placa, finalmente se
advierte una representación de nuestro Sistema Solar
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