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LA FORMACIÓN DE LA LUNA
Omar
Yim Barciela
TÉCNICO EN PROGRAMACIÓN
MIEMBRO DE LA ASOCIACION PANAMEÑA DE AFICIONADOS A
LA ASTRONOMIA
Los
astrónomos hace más de un siglo han intentado descubrir
el misterio del origen de la Luna. Sus observaciones les han llevado a
proponer múltiples hipótesis sobre
la naturaleza de la relación de parentesco existente
entre la Tierra y la Luna. Hace 27 años que las primeras
muestras de rocas Lunares eran traídas a la Tierra
por las misiones Apollo. Para el conjunto de la comunidad
científica el principal objetivo de estas misiones
iba a alcanzarse finalmente: Proporcionar indicios concluyentes
no sólo sobre la formación de la Luna, sino
también sobre la de los planetas del Sistema Solar,
problemas que desde hacia muchos años no dejaban de dividir a
los investigadores y eran objeto de numerosas hipótesis y
modelos.
Esta
era al menos una de las grandes esperanzas de uno de los pioneros de la
conquista planetaria, Harold C. Urey, al que se debía en buena
parte el programa espacial Apollo. Y aunque sus esperanzas se vieron en
gran parte frustradas durante varios años,
la cosecha de información recogida por Apollo y la
aportación de recientes trabajos teóricos permiten
ahora esbozar un modelo coherente sobre la formación
de la Luna y los planetas llamados telúricos: Mercurio,
Venus, la Tierra y Marte. En efecto las misiones Apollo han
permitido circunscribir los principales parámetros
físicos y químicos que caracterizaron a la Luna
en sus orígenes. El análisis de la composición
isotópica de las muestras Lunares han revelado que la Luna se
formó aproximadamente en la misma época que
la Tierra, es de decir hace unos 4,500 millones de años.
Pero como los márgenes de error en las medidas son
todavía demasiado amplias, no se puede precisar si
es mas vieja la Tierra o la Luna. En cambio, se sabe que el
intervalo de tiempo entre los momentos de sus formaciones
respectivas no supera los cien millones de años.
La
estimación de la composición química global de la
Luna ha puesto en relieve la sorprendente semejanza que existe entre
nuestro satélite y el manto terrestre en lo que
respecta a la densidad media y a la baja concentración
de algunos elementos químicos como el hierro o el níquel.
De otra parte, los estudios sísmicos realizados a partir
de temblores de la Luna registrados por medio de sismógrafos
colocados en la Luna por los astronautas del Apollo han demostrado que
la Luna es solidad hasta 1,000 kilómetros de profundidad (es
decir el 90% porciento de su volumen). Los datos actuales
no permiten afirmar la existencia de un núcleo lunar
constituido por rocas parcialmente fundidas que, de todos
modos, seria muy pequeño.
Es
conveniente revisar las diferentes hipótesis existentes
sobre el origen de la Luna y ver en que medida son compatibles
con la teoría de la formación de los planetas
teluricos.
- HIPOTESIS
DE LA LUNA SURGIDA DE LA TIERRA:
Una de las hipótesis más antiguas sobre la
formación de la Luna es probablemente de fisión,
en virtud de la cual la Luna se separó de la Tierra.
En efecto, al final del siglo XIX el astrónomo G.H.
Darwin, el hijo del célebre naturalista, Charles
Darwin, descubrió que la Luna había estado
antes mucho mas cerca de la Tierra. Este alejamiento constante de la
Luna, del orden de 3 metros por siglo, se debe de hecho al frenado de
la rotación terrestre por efecto de las
mareas. En efecto, la atracción lunar deforma al
globo al globo terrestre en un elipsoide, pero estas deformaciones
no son completamente elásticas y se disipa en forma
de calor, energía tomada de la energía de
rotación de la Tierra. Digamos brevemente que esta
disipación de calor provoca un retraso de la deformación
de la tierra y los océanos. La atracción lunar,
al actuar sobre los abultamientos debidos a las mareas,
induce una fuerza retardadora que tiende a frenar la rotación
de la Tierra. El momento cinético perdido en el frenado
de la rotación terrestre se recupera en el interior
del sistema aislado Tierra-Luna en forma de momento cinético de
rotación de la Luna alrededor de la Tierra, lo que
traduce en un aumento de la distancia tierra-Luna. Para
G.H. Darwin, este alejamiento progresivo de la Luna aboga
a favor de un origen terrestre de Luna: ésta se habría
formado a partir del manto terrestre, después de
que se hubiese individualizado el núcleo metálico
en el centro de la Tierra.
En su época, los estudios sobre las configuraciones
en el equilibrio de cuerpos fluidos en rotación le
proporcionaron un mecanismo posible que permitía
explicar esta separación: la fisión, resultaba
que un cuerpo fluido incomprensible, tal como se considera
a la Tierra, no puede permanecer en equilibrio estable si
su aumento cinético es demasiado grande, es decir,
se gira demasiado deprisa. El cuerpo reacciona buscando un nuevo estado
de equilibrio, lo que se traduce en su fisión en dos. G.H.
Darwin aplico este principio a la Tierra, cuya
rotación habría sido en el pasado demasiado
rápida, y de la que se habría separado la
Luna; el océano pacífico representaría
la cicatriz de la ruptura. Es dudoso que la Tierra, haya
podido adquirir durante su historia un momento cinético
tan importante como para dar origen de su interior a la
Luna. Por tanto, se puede afirmar actualmente que esta teoría de
la fisión, al menos en su versión original,
ha perdido prácticamente a todos sus partidarios.
- HIPÓTESIS
DEL PLANETA DOBLE:
Solo mucho más reciente surgió una segunda
hipótesis sobre la formación de la Luna. En
1960 el Ruso E.L. Ruskol (O. Yu. Schmidt Institute of Earth
Physics) propuso por primera vez el modelo llamado de acreción
binaria; mas sencillamente, del planeta doble. Según
este modelo, la Luna se formo de materia en órbita
terrestre. Imaginemos, por ejemplo colisiones de planetoides
en las cercanías de un primer esbozo de la Tierra.
Estos pudieron ser capturados por la atracción del
planeta y permanecer en órbita alrededor engendrando un
enjambre. Si de este modo fue capturado un numero suficiente de
planetoides, estos colisionaron con otros, lo que alimento la cantidad
de materia en el enjambre, que adquirió
un momento cinético importante debido a los impactos
entre los diferentes planetoides que lo constituían,
tuvo que extenderse en forma de un delgado anillo en el
plano ecuatorial de la Tierra en formación. Uno de
los aspectos seductores de este modelo es el que prevé
que en cierto modo el enjambre hará la fusión
de un filtro químico, capturando preferentemente
los planetoides de composición parecida a la del
manto terrestre.
En efecto se puede admitir que los fragmentos silicatos
son menos densos y, por tanto, menos másicos que
los fragmentos férreos procedentes de la dislocación
anterior del embrión de un planeta ya diferenciado
en un núcleo metálico y un manto silicato.
De donde que el enjambre captará mas silicatos que
hierro, mientras que los fragmentos férreos se abrirán
camino a través del enjambre. Este proceso podría
explicar pues la composición química del conjunto
de la Luna, de su pobreza en sustancias volátiles y de otros
indicios que incitan a creer que la materia no tiene un origen
terrestre.
Pero el modelo
de la acreción binaria padece el mismo efecto que
los modelos de fisión: La insuficiencia del momento
cinético del sistema. En efecto, el momento cinético
total del enjambre capturado tiene que haber sido elevado para
evolucionar hasta un disco. Pero corresponde a la suma de
las aportaciones de cada planetoide capturado, y hay tantas
posibilidades de que la captura tenga lugar en un sentido
directo, es decir, en el mismo sentido que el movimiento
de los planetas alrededor del Sol, como en sentido retrogado
(sentido inverso). Por tanto, incluso la captura de un número
suficiente para hacer posible un efecto de filtro químico
no podría proporcionar el equivalente del momento
angular del sistema Tierra-Luna. Solo en el caso de trayectorias
orbitales muy elípticas de los planetoides (que hiciesen
posible una mayor velocidad), el momento cinético
se acercaría al mínimo requerido. Sin embargo,
como estas trayectorias no representan mas que una pequeña
proporción de la trayectorias posibles, esta claro
que el momento cinético total no habría sido
suficiente para impedir que el enjambre en rotación alrededor de
la Tierra fuese a su ves capturado por nuestro planeta. De ahí
que , al igual que la hipótesis de la
fisión, la de acreación binaria ha sido actualmente
abandonada por la mayoría de los investigadores.
- HIPOTESIS
DE LA LUNA CAPTURADA POR LA TIERRA:
Aproximadamente en la misma época que la hipótesis de la
acreción binaria, se adelanto un tercer modelo
sobre la formación de la Luna. Se trataba del modelo
de la captura de la Luna por la Tierra, que fue propuesto
por primera vez por al Alemán H. Gerstenkom en 1955.
Este modelo iba a aportar una solución al problema
de la insuficiencia del momento cinético. En su virtud
, la Luna se habría formado en algún lugar
en la región de los planetas teluricos, en una órbita
bastante próxima a la Tierra antes de ser capturada
por esta. La captura de un satélite por un planeta
parece mucho mas probable cuando sus órbitas están
próximas (encuentro próximo). Si por ejemplo,
la distancia entre la Tierra y la Luna en el momento de
su encuentro eran del orden de tres (3) radios terrestres (mas lejos la
captura resulta imposible ya que la disposición de
energía necesaria para el frenado de la Luna resulta
pequeña), en el momento cinético del sistema
Tierra-Luna seria igual a la sexta parte del momento cinético
actual. Este déficit de momento angular habria podido
corregirse haciendo invertir en el modelo algunos planetoides
que colisionasen tangencialmente con la Tierra. Este modelo
de captura puede explicar fácilmente las diversas
composiciones químicas entre la Luna y el manto terrestre.
En cambio, son las semejanzas de naturaleza química
las que son difíciles de explicar. Por ejemplo, si
la Luna se formo en la misma región que los demás
planetas teluricos ¨Como explicar que sea mas pobre
en hierro?.
Para terminar, este modelo no propone un mecanismo plausible
de captura de la Luna por la Tierra. En efecto, cuando un
cuerpo como la Luna, procedente del exterior, se acerca
a la Tierra, su trayectoria parabólica respecto a
esta es desviada, pero no lo suficiente para impedirle que
regrese de nuevo al espacio. Para que haya captura es necesario
un mecanismo de frenado de la Luna suficientemente suficiente
para que la órbita de la Luna, inicialmente parabólica,
se haga elíptica con centro en la Tierra. Este frenado
podría proceder de la disipación de energía
por efecto de las mareas durante un paso muy próximo
de la Luna, pero esta disipación parece pequeña
una captura, salvo en el caso de que la órbita de
la Luna está muy cerca de la Tierra, en el que la
captura no requiere más de una disipación de
energía cinética. Pero es muy improbable que la Luna se
haya formado en una órbita como esta. Si tal fuese el caso, bien
habría chocado con la Tierra, bien habría sido eyectada a
una órbita alejada
en una da las numerosas aproximaciones ocurridas durante
el período de formación de los planetas. En
cambio, si la Luna se hubiese formado en la región
de los planetas teluricos y hubiese sido desviada ulteriormente
hacia la Tierra, su velocidad habría sido demasiado
grande para que hubiese captura.
- HIPOTESIS
DEL IMPACTO GIGANTE:
Hacia la mitad de los años setenta e independientemente W.K.
Hartman y D.R. Davis del Planetary Science Institute
en Tucson y A.G.W. Cameron y W.R. Ward, de la Universidad
de Harvard, emitieron por primera vez la hipótesis
de que la Luna habría surgido de la colisión
entre un primer esbozo del planeta Tierra, o Prototierra,
y un embrión de otro planeta o Protoplaneta.
Al exigir que el momento cinético del sistema Prototierra-
Protoplaneta sea comparable al del sistema Tierra-Luna que
conocemos actualmente, A.G.W. Cameron y W.R. Ward dedujeron
que el protoplaneta incidente tenia que ser al menos tan
masico como Marte (aproximadamente un decimo de la masa
terrestra y la mitad de su radio) y que la velocidad de
impacto tenia que ser de unos diez (10) kilometros por segundo
en el caso de una colisión practicamente tangencial. En esta
hipotesis, los residuos de la colisión habrian sido proyectados
en orbita alrededor de la Tierra formando un disco de acresión.
Los fenomenos de viscosidad serian
los que habrian provocado el alejamiento mas allá
del limite de Roche (se basa en los trabajos de E. Roche
en 1847. Este demostro que un satelite fluido en orbita
circular alrededor de otro cuerpo solo puede ser gravitatoriamente
estable si la distancia entre los cuerpos supera un valor
limite, que se llama limite de Roche) de una parte del disco,
a partir del cual habria nacido la Luna. Durante muchos
años, esta teoria no atrajo mucho la atención ya que se
consideraba muy improbable la existencia de estos impactos gigantes.
Pero los resientes progresos de la teoria general
sobre la formacion de los planetas, han demostrado que estos
impactos son realidad muy verosimiles.
Ahora, gracias
a los ordenadores modernos ultrarrápidos, se puede
simular detalladamente el desarrollo de las colisiones; de ahi el
renovado interes por esta teoria de los impactos gigantes. En general
durante una colisión, el planeta incidente
es deformado por las fuerzas de marea al acercarse a la
Tierra. Luego, tras el choque inicial, su velocidad disminuye,
ya que la energia cinetica se ha disipado en forma de calor
durante el choque extraordinariamente violento que tiene
lugar. Los materiales son pulverizados y se vaporizan formando
chorros de materia. La mayor parte de este vapor vuelve
luego al estado solido cuando le expansión, al provocar
el enfriamiento del gas, disminuye la energia de vaporización.
El disco de
acresión en orbita alrededor de la Tierra contiene
muy poco hierro, ya que el núcleo ferroso del planeta
incidente es completamente absorbido por la Tierra y va a unirse al
núcleo terrestre, lo que explicaría la pobre
composición en hierro de la Luna. El planeta incidente tendria
unas 1,2 veces la masa del planeta Marte. Hasta
ahora parece que el modelo del impacto gigante es el unico
que satisface las diferentes condiciones impuestas por las
misiones Apollo y por los estudios teluricos. Incluso seria
tentador invertir el problema y afirmar que la existencia
de la Luna contituye el testimonio más elocuente
que puede haber de la existencia de colisiones gigantes
en el pasado. Por tanto la teoria de la formación de los
planetas telúricos se revelaria exacta en sus grandes lineas. Si
este es el caso, la intuición de Harold C.
Urey alcanzaría finalmente sus frutos: La Luna contiene
la clave, no sólo de su propia formación,
sino también de la de los otros planetas.
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